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JOSE MARIA BORRERO NAVIA
Soy
abogado ecologista, jardinero y amigo de la bicicleta. Como
abogado ecologista he trabajado durante veinticinco años
en la defensa de los derechos ambientales. Investigo, escribo
y publico artículos y libros sobre Derecho, Justicia
y Política Ambiental. Soy un excelente conferencista
en estos temas, pues no solo tengo experiencia y destreza
para divulgar ideas y explicar conceptos sino que logro entusiasmar
al auditorio y hacerle partícipe de mi pasión
por la defensa ambiental. He dictado conferencias y dirigido
seminarios y talleres en Canadá, Colombia, Costa Rica,
Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos,
Francia, Guatemala, Holanda, Honduras, Islas Marianas (Micronesia),
México, Nicaragua, Noruega, Panamá y Sri Lanka
(Asia). He sido profesor visitante en las Universidades de
Alaska (1988) y Duke (1996) en Estados Unidos y docente en
el Instituto de Postgrados de la Universidad del Cauca (1996)
y en Programas de Postgrado en la Facultad de Arquitectura
de la Universidad del Valle (1994) y en la Universidad Autónoma
de Occidente (1995)
Soy doctor en Derecho y Ciencias
Políticas, Master en Derecho y Política Ambiental
de la George Washington University (USA) y becario de World
Wildlife Fund (Washington, 1986-87) y de la Inter.-American
Foundation (Washington, 1992-93). En ejercicio de mi profesión
he servido como consultor a las Naciones Unidas, ILANUD (San
José, Costa Rica), a Greenpeace (Washington, USA),
al Fondo Nacional de Desarrollo, FONADE, Corpourabá,
Corporación Autónoma Regional del Cauca, CVC,
y a la Alcaldía Municipal de Cali (Colombia). Desde
1989 y durante cuatro años trabajé como Director
Legal del Internacional Water Tribunal, IWT, con sede en Amsterdam,
Holanda y fui Coordinador Legal del Tribunal Centroamericano del
Agua, en San José, Costa Rica, entre 1998 y el año
2000. Actualmente tengo a mi cargo el Centro de Asistencia
Legal Ambiental, CELA, con sede en Cali, Colombia.
Como jardinero cultivo un
hermoso jardín orgánico de flores y hortalizas
en una pequeña finca ubicada en las laderas del bosque
de niebla. Cuando cultivo sus eras y avizoro cosechas venideras
me alegra constatar que he logrado avanzar en mi encuentro
con la tierra, en mis esfuerzos para consolidar una nueva
alianza con la naturaleza
Montando en bicicleta - mi
vehículo preferido de transporte urbano - celebro mis
esperanzas en una nueva oportunidad de convivencia, sostenibilidad
y alegría para la cultura humana, y especialmente para
las ciudades. Sinceramente creo que la bicicleta, además
de ser el vehículo más eficiente, es un medio
de cambio cultural hacia nuevos sentidos civilizatorios ajenos
a los designios de esta civilización que sojuzga a
la naturaleza y homogeniza el paisaje cultural del mundo,
mientras quema diariamente océanos de hidrocarburos.
Finalmente, como colombiano
creo que mi país se merece un mejor destino. El drama
que nos agobia, aunque excepcionalmente trágico, no
es único en el mundo contemporáneo. Los conflictos
armados y las guerras intestinas abruman la vida de las gentes
en muchos países. Sin embargo, tengo plena confianza
en la exuberancia natural, humana y cultural de Colombia como
punto de partida para construir un Nuevo Pacto de Convivencia
que nos ayude a encontrar los caminos contra la barbarie.
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